El Santo Rosario por los Difuntos y las Almas del Purgatorio

Señor Dios de misericordia infinita, acudimos hoy a ti con el corazón lleno de fe y esperanza. Te pedimos que recibas en tu amor a nuestros seres queridos difuntos y a todas las almas del purgatorio, especialmente a aquellas que más necesitan de tu compasión.

El Santo Rosario por los Difuntos y las Almas del Purgatorio.

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Dios mío, ven en mi auxilio.
Señor, date prisa en socorrerme.

Señor Dios de misericordia infinita, acudimos hoy a ti con el corazón lleno de fe y esperanza. Te pedimos que recibas en tu amor a nuestros seres queridos difuntos y a todas las almas del purgatorio, especialmente a aquellas que más necesitan de tu compasión.

Míralas con bondad, Señor, y purifícalas con el fuego de tu amor, para que sean liberadas de toda pena y puedan entrar en la luz de tu presencia. Perdona sus faltas, acoge sus sufrimientos y concédeles el descanso eterno en tu Reino.

Para las almas olvidadas, las que no tienen quien ore por ellas, te pedimos consuelo y pronta liberación. Escucha su clamor silencioso y ábreles las puertas del cielo, para que puedan contemplarte cara a cara.

En este misterio de vida y eternidad, enséñanos a confiar en tu promesa, a vivir con esperanza y a ofrecer nuestras oraciones y sacrificios por su descanso. Fortalece nuestra fe en la resurrección y en la vida eterna.

Te lo pedimos, Señor, por tu infinita misericordia, confiando en tu amor que todo lo renueva y todo lo salva. Amén.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Creo en Dios Padre, 
Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso.

Desde allí vendrá a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable.

Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellas la luz perpetua. Que las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

Primer Misterio: La Agonía en el Huerto.

Contemplamos a Jesús sudando sangre al cargar con los pecados del mundo. Pedimos por las almas que están en el purgatorio por haber descuidado la oración y la vigilancia espiritual.

Jesús mío, por aquel sudor de sangre, ten piedad de las almas que sufren por su tibieza.

Segundo Misterio: La Flagelación del Señor.

Contemplamos a Jesús azotado cruelmente. Pedimos por las almas que sufren por los pecados de impureza y por haber maltratado su cuerpo, que era templo del Espíritu Santo.

Jesús mío, por los azotes que recibiste, purifica a las almas de sus manchas y dales la libertad.

Tercer Misterio: La Coronación de Espinas.

Contemplamos a Jesús humillado y coronado de espinas. Pedimos por las almas que están en el purgatorio por pecados de soberbia, orgullo y malos pensamientos.

Jesús mío, por la corona de espinas que traspasó tu cabeza, humilla nuestra soberbia y consuela a las almas que purifican su mente.

Cuarto Misterio: Jesús con la Cruz a Cuestas.

Contemplamos a Jesús cargando el madero hacia el Calvario. Pedimos por las almas que sufren por no haber aceptado sus cruces con paciencia y por haber buscado solo la comodidad.

Jesús mío, por el peso de la cruz, alivia la carga de las almas y llévalas pronto al descanso eterno.

Quinto Misterio: La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Contemplamos a Jesús entregando su vida por nuestra salvación. Pedimos por las almas que están más próximas a salir, para que la Sangre de Cristo sea su última purificación antes de entrar al Cielo.

Jesús mío, por tus cinco llagas y tu muerte en la cruz, abre las puertas del paraíso a nuestros hermanos difuntos.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Dales, Señor, el descanso eterno y brille para ellas la luz perpetua. Que las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén.

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente aquellas más necesitadas de Tu Divina Misericordia.

Padre Eterno, Te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo, Jesús, en unión con las Misas que hoy se dicen en todo el mundo, por todas las Santas Almas del Purgatorio, por los pecadores de todas partes, por los pecadores de la Iglesia universal, los de mi propia casa y los de mi familia. Amén.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

A ti llamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este
valle de lágrimas.

Ea pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

Letanías por las Ánimas del Purgatorio y los Fieles Difuntos.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial, ten piedad de las ánimas del Purgatorio.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de las ánimas del Purgatorio.

Dios, Espíritu Santo, ten piedad de las ánimas del Purgatorio.

Santísima Trinidad, un solo Dios, ten piedad de las ánimas del Purgatorio.

Santa María, Auxiliadora de las almas del Purgatorio, ruega por ellas.

Por mis padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por mis hermanos y parientes más cercanos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por mis benefactores temporales y espirituales, ¡Jesús mío, misericordia!

Por mis amigos y vecinos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por todos aquellos a quienes debo amor y oración, ¡Jesús mío, misericordia!

Por cuantos he perjudicado y dañado, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que me han hecho daño a mí, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que están más próximos a la unión con Cristo, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que más desean estar junto a Dios, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que más sufren en el Purgatorio, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que están más lejos de su liberación, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que menos auxilio y oraciones reciben, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que más lo merecen por sus servicios a la Iglesia, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que fueron ricos aquí y allí son los más pobres, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los poderosos que ahora son como humildes siervos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los ciegos que ahora reconocerun su ceguera, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los vanidosos que malgastaron su tiempo, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los pobres que no buscaron las riquezas divinas, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los tibios que muy poca oración han hecho, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los perezosos que han descuidado tantas obras buenas, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los de poca fe que descuidaron los santos Sacramentos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los reincidentes que solo por un milagro de la gracia se han salvado, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los padres que no vigilaron bien a sus hijos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los superiores poco atentos a la salvación de sus súbditos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los hombres que casi solo se preocuparon del dinero y del placer, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los de espíritu mundano que no aprovecharon sus talentos para el Cielo, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los necios que vieron morir a tantos y no pensaron en su propia muerte, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que no se aseguraron la vida eterna, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que tienen una sentencia severa por las responsabilidades encomendadas, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los pontífices, reyes y príncipes, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los obispos y sus consejeros, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los maestros y pastores de almas, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los sacerdotes de nuestra diócesis, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los sacerdotes y religiosos de la Iglesia católica, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los defensores de la santa fe, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los caídos en los campos de batalla, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los sepultados en los mares, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los que han muerto repentinamente, ¡Jesús mío, misericordia!

Por los fallecidos sin recibir los santos sacramentos, ¡Jesús mío, misericordia!

Por aquellos que morirán dentro de las próximas veinticuatro horas, ¡Jesús mío, misericordia!

Dale, Señor, a todas las almas del Purgatorio el descanso eterno. Y brille para ellas la luz perpetua. Que descansen en paz. Amén.

Oremos: Oh Dios, Creador y Redentor del mundo, perdona los pecados de tus servidores y servidoras, que la negligencia de los hombres olvida en el Purgatorio. Te rogamos que nuestras oraciones les permitan obtener la liberación por la que tanto suspiran. Señor, que nos mandas orar por nuestros seres queridos, dígnate abrir las puertas del Cielo a las almas que partieron de este mundo y concédeles el descanso y la felicidad eterna. Te lo suplicamos por intercesión de tu Santa Madre y de todos los santos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración de los Difuntos y las Almas del Purgatorio Por los padres y antepasados de la familia.

Oh Dios, que nos has mandado honrar a nuestro padre y a nuestra madre, escucha con piedad nuestra oración por las almas de nuestros padres, abuelos y todos los antepasados que nos precedieron en el camino de la vida. Te damos gracias por el don de la vida que recibimos a través de ellos y por todos los sacrificios que hicieron para darnos sustento y fe. Te suplicamos, Padre de misericordia, que perdones cualquier falta que hayan cometido por fragilidad humana y que, purificados por tu amor, puedan gozar pronto de la claridad de tu rostro. Que la gratitud de nuestra oración les alcance el descanso eterno y que un día podamos todos reunirnos en la patria celestial para alabarte por los siglos de los siglos. Amén.

Oración de los Difuntos y las Almas del Purgatorio Por las almas más abandonadas y olvidadas.

Señor Jesús, Redentor del mundo, ponemos en tu Corazón sacratísimo a aquellas almas del purgatorio que no tienen a nadie en la tierra que se acuerde de ellas ni ofrezca un sacrificio por su descanso. Ten piedad de quienes murieron en soledad, de los que no dejaron descendencia y de aquellos cuyos nombres han sido borrados por el paso del tiempo. Que nuestra oración sea para ellas el refrigerio que tanto ansían y que tu luz perpetua las ilumine en medio de su espera. No permitas que el olvido humano las mantenga lejos de tu presencia, sino que, por tu infinita bondad, sean admitidas hoy mismo en el coro de los ángeles y los santos. Amén.

Oración de los Difuntos y las Almas del Purgatorio Por los que fallecieron de forma repentina o trágica.

Padre celestial, fuente de toda vida, te encomendamos con humildad a todos nuestros hermanos que fueron llamados a tu presencia de manera inesperada, por accidentes, violencia o enfermedades fulminantes. Tú conoces la angustia de quienes no tuvieron tiempo de prepararse, de confesarse o de decir adiós a sus seres queridos. Te pedimos que tu divina misericordia supla lo que les faltó en sus últimos momentos y que la Sangre de tu Hijo, derramada en la Cruz, lave sus almas de toda mancha de pecado. Concede consuelo a sus familias que sufren el impacto de la partida y permite que estos hermanos nuestros descansen ya en la paz que el mundo no puede dar. Amén.

Oración de los Difuntos y las Almas del Purgatorio Por los que sufren en el purgatorio por pecados de omisión.

Señor Jesucristo, Juez justo y misericordioso, te pedimos por las almas de aquellos que, aunque vivieron en gracia, sufren ahora por el bien que dejaron de hacer, por las palabras de aliento que no dijeron y por las obras de caridad que descuidaron. Purifica sus corazones de toda tibieza y negligencia que tuvieron en la tierra. Que el ardor de tu amor divino consuma en ellas cualquier rastro de egoísmo, para que, transformadas totalmente en el amor, puedan entrar con vestiduras blancas en el banquete de tu Reino, donde ya no habrá más llanto ni dolor, sino solo alegría eterna en tu presencia. Amén.

Oración de los Difuntos y las Almas del Purgatorio Por los jóvenes y niños que han partido de este mundo.

Dios de todo consuelo, cuya mirada de amor se posa especialmente en los más pequeños, te entregamos las almas de los niños y jóvenes que han dejado este mundo antes de tiempo. Acepta el dolor de sus padres como una ofrenda de fe y permite que estos seres queridos, que apenas comenzaban a vivir, encuentren en ti la plenitud que la tierra les negó. Si alguna falta cometieron en su corta vida, perdónala por tu gran bondad, y permíteles jugar en los jardines del Cielo bajo el cuidado maternal de la Virgen María. Que su pureza interceda por nosotros y que su descanso sea dulce y eterno en tus brazos paternales. Amén.

Oración de los Difuntos y las Almas del Purgatorio Por los sacerdotes, religiosos y servidores de la Iglesia.

Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, te suplicamos por las almas de tus ministros, sacerdotes, obispos y religiosos que dedicaron su vida a la predicación del Evangelio y al servicio de los sacramentos. Tú que les diste la dignidad de actuar en tu Nombre, perdona las flaquezas que hayan tenido en el ejercicio de su ministerio. Que por los méritos de tantos sacrificios ofrecidos en el altar y por la entrega de sus vidas al prójimo, reciban ahora la recompensa prometida a los siervos fieles. Que brille para ellos la luz que tanto anunciaron y que puedan celebrar la liturgia eterna en la Jerusalén celestial. Amén.

Oración de los Difuntos y las Almas del Purgatorio Por las almas que están más próximas a entrar en el Cielo.

Dios Padre, que aguardas con ansias el regreso de tus hijos, te pedimos por aquellas almas que están ya en el último grado de su purificación y que pronto contemplarán tu gloria. Alivia sus ansias de verte, acorta su tiempo de espera y permite que nuestras humildes oraciones sean el último impulso que las lleve hacia tu abrazo eterno. Que al entrar en el Cielo, se conviertan en nuestros poderosos intercesores ante tu trono, y que su alegría sea completa al verse finalmente sumergidas en el océano de tu infinita misericordia por toda la eternidad. Amén.

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